Y ese día, llega

Cuando nuestros ojos se cierran a la vez, la distancia desaparece y puedo sentir tu compañía una vez más. Esa que llenaba mis tardes de verano en la vereda, a la luz del atardecer.

Con el tiempo, quizá sin darme cuenta, te convertiste en confidente de mis anécdotas y vivencias, esa persona que sé que estará ahí para siempre.

Hoy, siento que te necesito más que nunca, ya que el tiempo se encarga de sepultar esos recuerdos que atesoro, pero a la vez el tiempo apremia, y cada día es uno menos que queda para ese abrazo de bienvenida que me vengo guardando.

Y hasta que ese día llegue, voy a pensarte en cada rayo de sol, en cada mundo de fantasía que imagine a través del lente de mi cámara. Y ese día llega, te abrazo, te extrañé mucho, Ro.

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